Cuando mi familia y yo nos mudamos a Canadá, amigos y familiares nos preguntaron por qué elegimos Canadá y no los Estados Unidos o algún país europeo.

Antes de decidirnos, hicimos un ejercicio sencillo para evaluar nuestras posibilidades en otros países. Nos preguntamos:

¿Dónde se nos hace más fácil el proceso de emigrar?

Por nuestra doble nacionalidad, venezolana e italiana, se nos hacía fácil emigrar a Europa.

Contemplamos la idea de irnos a Italia, España e Inglaterra antes del Brexit.

Varios países, una sola elección

Descartamos Italia y España porque nos asustó la tasa de desempleo.

Descartamos Inglaterra por el Brexit, y algunos amigos ya nos habían «espantado» hablándonos del alto costo de la vida allá. (Al ver la situación en retrospectiva, pudimos haber evaluado las opciones con más ángulos, pero ya estamos aquí).

Luego nos dispusimos a considerar las opciones que más nos sonaban: Australia, los Estados Unidos, y Canadá.

Sin pensarlo mucho descartamos Australia por lo lejos que queda de nuestra Venezuela donde estaban nuestros familiares, además de que no conocíamos prácticamente nada sobre ese país.

Estados Unidos habría sido ideal por el clima, lo cerca de Venezuela, la calidad de vida, y el conocimiento que ya teníamos sobre la vida allá porque habíamos ido a estudiar inglés muchos años atrás, pero ellos no ofrecen planes de inmigración sino que habríamos tenido que aplicar a alguna de las visas que permitieran la vida y trabajo legal.

Algunas personas nos recomendaron optar por la visa de talento, la de inversionista, o buscar un empleador patrocinante, y estuvimos a punto de tener una cita con una consultora de inmigración, pero no lo hicimos.

Canadá por tener programas de inmigración y por la fama que tiene de su calidad de vida, se convirtió en la opción A de nuestro plan, y aplicamos a un plan de inmigración para ver si nos aceptaban.

¡Y el resto es historia! Cuatro años adaptándonos, aprendiendo y apreciando nuestra vida aquí.