Tratando de mostrar buenas caras

Esa foto de arriba es de hace un año, específicamente del 31 de diciembre de 2019.

No se dejen engañar por esas caras de felicidad. Tan solo un mes antes habíamos sufrido una pérdida muy preciada, nuestro amado perrito Archie falleció mientras estábamos de viaje, y se nos apagó la vida a los cuatro.

¿Y entonces esas sonrisas en la foto?

Esas caras, ese cabello secado y planchado, fueron el resultado de un esfuerzo titánico en familia, de entender que debíamos, en honor a Archie, apreciar el presente, porque no sabíamos cuánto podía durar.

Collage de Archito

Dice Dr. Seuss:

A veces no sabrás el valor de un momento sino hasta que se convierta en un recuerdo».
Diego Salvador eligió y cargó el arbolito de Navidad
Fuimos niñeros de estos adorables perritos para mitigar nuestro dolor

La foto de portada fue momentos antes de irnos a casa de unos amigos que bondadosamente, sabiendo cómo nos sentíamos, insistieron en que pasáramos el fin de año con ellos.

Así lo hicimos. Lo pasamos rico, nos olvidamos por un ratico de nuestro dolor, y agradecimos inmensamente la compañía.

Poco sabíamos que un año más tarde pasaríamos, ambas familias, por nuevas duras pruebas y retos…

Días después, comenzando el 2020 fuimos a visitar a mi familia en Venezuela. No pudimos ir en navidad y fin de año, así que nos montamos en un avión para ir a ver a mi adorado papá y a mi queridísima tía América.

Mi amado papito y mi querida tia America
amor puro

Ya Carmelo había ido los primeros días de diciembre a visitar a sus padres en Italia. Ambos estábamos ansiosos por ver a nuestros padres, yo creo que teníamos miedo.

Acelerando el recuento hasta el día de hoy, 15 de noviembre de 2020, la vida nos ratificó la importancia del presente: el 3 de septiembre mi papito adorado partió al cielo, y yo tuve que ver su funeral desde mi teléfono, aquí en Calgary.

Por otro lado, esos amigos que mencioné arriba, vieron sus vidas sacudidas con una dolorosa experiencia: nuestro querido amigo Juan tuvo una hemorragia cerebral por un aneurisma. Su rutina familiar se vio duramente afectada, y están pasando por momentos difíciles, que a Dios gracias no han menguado la entereza de Zuli y de sus amados hijos.

¿Y cuándo empieza está historia a ponerse menos triste, se preguntarán? (o como dicen nuestros amigos de habla inglesa, ¿el «silver lining» de la historia?

Por mi parte, no dejo de agradecer y de recordar el inmenso amor que le brindé a mi papi cuando estuve allí meses antes de su partida. Tuve el enorme privilegio de consentirlo, dejarle saber cuánto lo amaba, y le brindamos toda la ayuda que pudimos para que estuviera bien.

Por el lado de mis queridos amigos, ¿acaso les parece poco poder decir: está vivo, está con nosotros, tenemos un camino largo por delante pero Diosito en su bondad lo dejó con nosotros para seguir amándolo? Mi amiga así lo dice, se le nota su felicidad, porque a pesar de las vicisitudes, el desenlace pudo haber sido peor, mucho peor. Ella es luz y agradecimiento puro.

Así que si leyeron hasta aquí, este es mi regalo de navidad para ustedes, un mensaje que me brota del corazón:

¡Disfruten del presente, amen incondicionalmente, perdonen las tonterías, toleren, ríanse, tengan paz en lugar de razón, déjenle saber a sus seres queridos que los aman, con palabras y con acciones, sean humildes con sus quejas, y ricos en su apreciación de la vida!

De mi familia a la suya, ¡Feliz Navidad!